Mar Blanco

  • Directora técnica en el laboratorio LCN.
  • Licenciada en Farmacia y en Ciencia y Tecnología de los Alimentos.
  • Máster en Dietética y Dietoterapia.
  • Postgrado en Interacciones Fármaco-Alimento.
  • Miembro activo de la vocalía de nutrición del COFB.
  • Profesora consultora de la UOC.
  • Máster en Nutrición y Alto rendimiento deportivo.
  • Máster Universitario de Micronutrición, Alimentación, Prevención y Salud de la Universidad de París-Descartes

Disfunción mitocondrial como eje común en patologías persistentes

Las mitocondrias son los orgánulos encargados de suministrar la mayor parte de la energía necesaria para la actividad celular, actuando como centrales energéticas que generan ATP a expensas de los carburantes metabólicos. Las mitocondrias no son orgánulos estáticos, si no que se adaptan a las necesidades de la célula y del medio, cambiando su forma y función, son verdaderos sensores metabólicos.

La edad, la exposición crónica a tóxicos y fármacos, el estrés oxidativo, la inflamación crónica de bajo grado, las deficiencias micronutricionales, las patologías crónicas… pueden alterar su funcionamiento y su estructura, produciendo una situación conocida como disfunción mitocondrial.

La disfunción mitocondrial se caracteriza por una síntesis disminuida de ATP, por la presencia de estrés oxidativo, pérdida del potencial de membrana, pérdida de la comunicación mitonuclear, alteraciones en la dinámica mitocondrial (destacando la biogénesis, fusión y fisión) y un incremento del calcio intracelular entre otras.

En los últimos años, también se ha puesto de manifiesto, que la deficiencia de NAD+ es otro factor íntimamente relacionado con la disfunción mitocondrial.

Tanto la disfunción mitocondrial como la deficiencia de NAD+, son causa y consecuencia de las disfunciones orgánicas y está involucrada en la patogenia de diferentes enfermedades persistentes y condiciones genéticas como la fatiga crónica y fibromialgia, las disfunciones inmunológicas (reactivaciones virales, enfermedades autoinmunes), neurológicas (demencias, trastornos del espectro autista, depresión crónica, enfermedades neurodegenerativas…), disfunciones orgánicas cardiovasculares, pulmonares, auditivas, oculares, enfermedades raras etc.

Para poder mejorar e incluso revertir estos estados de pérdida de la homeostasis mitocondrial, se debe incidir en el uso de conjuntos micronutricionales que restablezcan la bioenergética (coenzima Q10, ácido R-lipoico, creatina, L-carnitina…), que apoyen la biogénesis mitocondrial (PQQ) y mejoren la comunicación mitonuclear (taurina), que controlen el exceso de radicales libres (glicina, n-acetilcisteína, selenio…) y que aumenten los niveles de NAD+ (uso de precursores de NAD+ como ácido nicotínico, nicotinamida, nicotinamida ribósido y triptófano).

Ponencia a cargo de: LCN.

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